Hipnosis 2025: frío, oscuridad y un viaje musical que necesitabamos
El 1 y 2 de noviembre, Hipnosis volvió a convertirse en ese portal donde el Día de Muertos se celebra a punta de guitarras ruidosas, atmósferas densas y la certeza de que este festival nunca falla cuando se trata de sacudirnos el alma.

Desde el primer día, el Fray Nano se convirtió en un pequeño universo paralelo. Utro, Skinshape y Geordie Greep fueron los encargados de abrir el viaje: psicodelia, riffs que calientan el cuerpo mejor que un café y esa vibra surrealista que Hipnosis domina tan bien. Sí, hacía frío, pero entre cuerpxs pegados, luces vibrando y la emoción colectiva, el clima dejó de importar.
La noche era de ellos: Molchat Doma y The Horrors. Entre sombras y luces casi inexistentes (hola trauma fotográfico), sacar una buena foto se volvió misión imposible, pero se perdonó rápido. Al final, ¿quién piensa en ISO y shutter cuando estás bailando post-punk como si tu vida dependiera de eso?

Día 2: café en mano, sudadera extra y un domingo que valió cada escalofrío
Para el segundo día, ya sabías: ir arropada o morir. El sol apenas calentaba y Crumb nos mecía suavecito mientras la tarde caía. De ahí todo escaló. Deafheaven, DIOS. Primera vez viéndolos y fue un puñetazo emocional: poder, presencia, intensidad… y ese pensamiento inevitable: “wow, qué rudos se ven estos weyes”.

Entre cafés (sí, café en un festival, prioridades) y abrazos de amigos, llegó el turno de Austin TV, siempre entregando ese abrazo sonoro que te recuerda por qué seguimos creyendo en la música. Y mientras pensabas “qué feo volver a trabajar mañana”, también estabas agradeciendo que tu domingo acabara así.
La noche cerró con ese frío que se mete hasta los huesos, pero aguantaste porque venía Motorama. Sonó “Alps” y tomaste la decisión más adulta del festival: irte por el metro. Primera vez viéndolos, última necesidad de quedarte más tiempo. Te fuiste satisfecha. Fin del comunicado.

El resumen emocional: dopamina pura
Entre Pavement, Japanese Breakfast, Spiritualized y Dinosaur Jr, Hipnosis nos dio un servicio completo de terapia musical. Los oídos felices, los ojitos brillando y ese sentimiento de “esto lo voy a recordar cuando llegue la tristeza de enero”.
Como todo festival, hubo cositas a mejorar: audio irregular, baños insuficientes y las chelas con vibra de tortura medieval, pero al final… la música ganó. Y los amigos. Y ese amor casi irracional por seguir yendo a festivales aunque el cuerpo ya no coopere.
Entonces… ¿qué nos espera en Hipnosis 2026?
Quién sabe. Pero algo es seguro: si vuelven a juntar frío, oscuridad y bandas que nos deshacen la cabeza… aquí vamos a estar otra vez.


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