Nos vemos, Ozzy
El Príncipe de las Tinieblas nos dejó este 22 de julio de 2025, pero su voz, su locura y su música seguirán rugiendo en cada bocina y cada recuerdo. Esta es una despedida desde el corazón, escrita por una fan que cree que la música no muere, sino que se transforma.

Bajo el nombre de John Michael Osbourne, nació un 3 de diciembre de 1948 en Marston Green, un barrio obrero de Birmingham. Con tan solo 15 años, Ozzy abandonó la escuela, sin embargo se metió de lleno en diferentes oficios antes de comenzar su travesía en la música, pues no fue hasta finales de los sesenta que gracias a su carisma y su voz, llamó la atención de Geezer Butler y Tony Iommi, dando inicio a lo que ahora conocemos como Black Sabbath.
El álbum debut homónimo de Black Sabbath y su sucesor, Paranoid, catapultaron al grupo a la leyenda, forjando así los cimientos del heavy metal. Entre discos fundamentales como Master of Reality y Vol. 4,
la banda sentó las bases de un género que marcaría a generaciones enteras.
Sin embargo, en la vida de Ozzy nada fue fácil
Pues para 1979 fue expulsado debido a una constante lucha contra las adicciones, aunque tuvo la oportunidad de reinventar su carrera con Blizzard of Ozz en 1980. Las rolotas como “Crazy Train” y “Mr. Crowley” definieron su sonido como solista. Igualmente, durante estos años de experimentación, colaboró con varios músicos, celebró triunfos comerciales y premios.
En 1982 contrajo matrimonio con Sharon Arden, ahora conocida como Sharon Osbourne, con quien estuvo en las buenas, en las malas y en las peores, además de formar una familia, y aunque tuvieron un periodo de separación, Ozzy hizo lo posible para volver a estar con su esposa, lo cual conllevó un largo periodo de rehabilitación, dándonos una joya tremenda como lo es “Mama, I’m Coming Home”.
Su vida familiar saltó a la fama en 2002 con el reality show The Osbournes, que mostró al mundo el día a día del Padrino del Heavy Metal, donde veíamos a un Ozzy bastante gracioso e incluso cariñoso, dándonos momentos emotivos y otros que te sacaban una buena carcajada como la vez que no podía callar a su figura de James Brown, lo que contrastaba bastante con la idea que se había generado alrededor de él gracias a sus controversias como morderle la cabeza a un murciélago por pensar que era de plástico, su estética y música.

Las últimas décadas estuvieron marcadas por duras batallas de salud, pues casi pierde la vida en un accidente en cuatrimoto en 2003, y para 2019 fue diagnosticado con la enfermedad de Parkinson.
A pesar de las adversidades, Ozzy insistió en armar un último concierto en su ciudad natal y de paso despedirse de nosotros bajo este mega concierto de nombre “Back To The Beginning”, contando con la presencia de Metallica, Slayer, Billy Corgan, Steven Tyler y más íconos del rock y el metal.

El evento recaudó más de 200 millones de dólares
De acuerdo con Billboard, los cuales fueron destinados para el Acorns Children’s Hospice quienes ofrecen cuidados paliativos a bebés, niños y jóvenes con limitaciones vitales, el Hospital Infantil de Birmingham y la organización Cure Parkinson’s quienes financian y promueven la investigación para el Parkinson.

Si bien, aunque hoy fue la partida terrenal de Ozzy, él seguirá vivo y muy presente gracias a su legado, no solo por sus creaciones, sino también por el apoyo que siempre mostró a los artistas emergentes, en usar sus plataformas para darle difusión a problemáticas y en demostrarnos el poder de la resiliencia.
Para mí, hablar de Ozzy Osbourne es recordar cuando mi abuelito me dejaba a la primaria y ponía Universal Stereo en la radio, es volver a vivir mi primera visita al Tianguis del Chopo con el noviecillo metalero que tenía en la prepa, son las conversaciones fascinantes sobre música con mi tío, es la pulserita que me compró mi tía afuera del concierto en el 2016 y una de las muchas razones por las que creo en que la gente puede cambiar para bien.

Citando a ABBA “Gracias por la música” y buen regreso a casa, Ozzy.
Por Mar Villalbazo

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