Pedimos un deseo y se cumplió: Veintiuno en CDMX

Entrevista: Canciones para bailar mientras todo se desmorona, la emoción y los deseos

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VEINTIUNO lleva años jugando con una idea que les encanta: hacerte bailar mientras te cuentan algo incómodo. Canciones que suenan luminosas, pero dicen cosas que duelen; coros que se cantan con sonrisa, aunque la letra vaya directo al estómago. Pide un deseo por mí, su más reciente sencillo, es justo eso: un “márcate de mi vida” dicho con cariño… y con groove.

“La música es muy bailable, pero la letra es bastante negativa”, cuenta la banda.

Y no es algo nuevo en su repertorio: ya lo habían hecho antes con temas como Dopamina. Les divierte —y les intriga— ver a la gente cantar y saltar sin darse cuenta, del todo, de lo que está diciendo. Una especie de control emocional colectivo, pero con funk.

Un deseo pedido frente al mar (y sin escenario)

Pide un deseo por mí no entró al disco por falta de tiempo. En lugar de forzarla, decidieron guardarla, darle espacio y cariño. El resultado es una canción más guitarrera, con guiños a bandas como El Último de la Fila o Extremoduro, y con una referencia muy concreta: la Playa del Aguilar, al norte de España.

De ahí nació una locura hermosa: ir a tocarla justo ahí. Sin escenario, sin producción, sin saber bien cómo hacerlo. Llevaron bocinas, mesas de sonido y lo que pudieron cargar.

“Fue de las mejores experiencias del verano”

Tener al público a centímetros, sentirlo cerca, sin vallas ni alturas, les recordó por qué les gustan tanto los conciertos pequeños. Esa intimidad que se pierde en los grandes festivales…

Delirio, equilibrio… y un Excel

El título de su disco La balada del delirio y el equilibrio no es casual. El delirio creativo existe, claro, pero alguien tiene que bajarlo a tierra. ¿Cómo lo hacen? Con un Excel. Literal.

“Tienes una idea loca, ves cuánto cuesta… y se te quita”

Pero eso no significa matar la creatividad. Han tocado en tiendas de discos, montado shows improvisados y generado experiencias que empiezan con una canción y terminan moviendo gente, calles y emociones.

Para ellos, ahí está la magia: que algo que nace en un cuarto lanzando ideas termine haciendo que alguien compre un boleto, vaya a un show y conecte con otras personas.

Una banda que nunca cambió de nombre (pero sí de piel)

VEINTIUNO nació como una banda de instituto y nunca dejó de ser ese mismo proyecto, aunque hayan pasado más de diez años. No hubo reinicios ni nuevos nombres. Todo el aprendizaje —desde el primer EP— forma parte de la misma historia.

Eso sí: han cambiado de opinión muchas veces. Sintetizadores que antes no querían, ahora sí. Sonidos que abandonan y luego retoman desde otro lugar. No vuelven atrás: avanzan. Son, como dicen ellos, una versión 2.0.

Porque crecer no es traicionarse, es entender que lo sólido también puede moverse.

Si alguien no conoce a VEINTIUNO, la banda lo tiene claro: Irremediable y luego La La Land. Dos extremos. Rock directo y después una balada delicada con Iván Ferreiro. Blanco y negro. Lo demás —dicen— se descubre en vivo, en medio de esa escala de grises.

El deseo antes de subir al escenario en México

VEINTIUNO llega por primera vez a México. No saben exactamente qué esperar, pero sí qué desean: que la gente vaya, que conecte… y poder volver.

Y si algo dejan claro entre canciones, playas improvisadas y shows a centímetros del público, es que cuando VEINTIUNO pisa un lugar nuevo, algo se queda ahí. Y algo de ese lugar se va con ellos, directo a la siguiente canción. ¡No te los pierdas este 7 de febrero en el Foro Indie Rocks! Boletos en FEVER

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