Arturo J. Flores
En el booklet del disco Incesticide, de 1992, Kurt Cobain escribió: «Si alguno de ustedes, de alguna manera, odia a los homosexuales, a las personas de diferente color o a las mujeres, por favor, háganos un favor: ¡déjenos en paz! No vengan a nuestros shows y no compren nuestros discos».

No era raro que Kurt, Krist y Dave se besaran en la boca en el escenario. Les gustaba incomodar a lo que el cantante definía como “rock de machos”. Una de las más célebres ocasiones sucedió al final de su actuación en Saturday Night Live el 11 de enero de 1992.
Por eso, durante el solo de In Bloom, Kane Barona, quien representa el papel de Cobain, se acercó al baterista de The Buzz Lovers, Alfred, y lo besó. La Maraka lo celebró con gritos y aplausos. Porque más allá del espectacular parecido del cantante con el autor de Smells Like Teen Spirit, los movimientos tan bien estudiados y coreografiados del bajista, Javi Raid, para lucir como una calca del larguirucho Novoselic, el concierto del grupo originario de Andalucía está lleno de guiños a la historia de Nirvana.

Solo un auténtico fanático del grupo originado en un pueblo de leñadores de Washington en el lejano 1987 podría identificarlos.
Lo fue también la manera grotesca en la que Kane cantó el segundo verso de Smells Like Teen Spirit. Lo hizo en un tono mucho más grave, caricaturesco, como aquella vez que Cobain hizo lo mismo durante la actuación de Nirvana en Top of the Pops en 1991 para sabotear la imposición del programa para que hiciera playback. Años después, Muse, quienes son fanáticos declarados de Kurt, harían algo similar.
Durante un poco menos de dos horas, The Buzz Lovers representaron lo que los videos nos dicen que fue una actuación en vivo de Nirvana. Solo algunos afortunados pueden dar fe de ello. Un excompañero brasileño de trabajo me contó que los vio en Río de Janeiro en 1993. Otro colega, periodista, entrevistó a Kurt una de las tres veces que Nirvana se presentó en el Iguana’s de Avenida Revolución, en Tijuana. Incluso se tomó una foto con él.

Pero el resto nunca sabremos lo que fue ver al grupo en vivo. Esa es la diferencia principal de The Buzz Lovers con respecto a otros grupos tributo. No es que suenen como Nirvana, es que además de músicos, son actores de una puesta en escena que intenta recrear algo a lo que pocas personas tuvieron acceso.
En sus 7 años de existencia, Nirvana apenas grabó tres discos de estudio. Incesticide es, en realidad, una compilación de rarezas y lados B. Pero además, se calcula que solo dio 400 conciertos y hubo países o ciudades, como es el caso de la Ciudad de México, en los que nunca se presentó.

Y sí, la nostalgia es la que nos trajo esta noche a ver a The Buzz Lovers, un trío de locos a los que su pasión por Nirvana los ha llevado a girar por el mundo representando este montaje bizarro de un musical grunge a lo Broadway, pero también la necesidad de lamentarnos juntos por jamás haber podido ver a Nirvana.
Porque La Maraka no es un bar de alitas donde toquen La Planta.
Esta noche es una sala de Seattle en la que otra vez tuvimos 16 años y nos rompimos la crisma en el slam. Es posible que la leyenda “Prohibido saltar” que se proyectó repetidamente en las pantallas durante el concierto se refiriera a que a los 40 y 50 años uno ya no está en edad. Pero pudo más la orden que Nirvana dio en Smells Like Teen Spirit hace 35 años: «Here we are now, entertain us…«
El setlist tuvo de todo un poco: bastantes canciones de Nevermind y de In Utero, algunas de Bleach (Negative Creep fue causante de que alguien perdiera la suela de su tenis, además de dejar pegajosos charcos de cerveza), así como cortes selectos de Incesticide.
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También los metacovers tuvieron su lugar. Porque solo así puede explicarse que una agrupación de versiones toque las versiones que Nirvana popularizó de otros artistas. Empezando por la que le da nombre al grupo, Love Buzz, de Shocking Blue; Molly’s Lips, de The Vaselines y The Man Who Sold The World, de David Bowie.
Incluso el humor negro tuvo cabida. Javi presentó You Know You’re Right como la única canción que Nirvana “nunca tocó en vivo”. Fue grabada 3 meses antes de que el compositor se pusiera una escopeta en el mentón y revelada hasta el año 2002, dentro de un disco recopilatorio.
En su carta de despedida, Kurt retomó una frase lapidaria de Neil Young: “Es mejor arder de una vez que quemarse lentamente”.
Hay quienes piensan que grupos como The Buzz Lovers no deberían existir. Y que a quienes nos gustan, deberíamos dejar descansar la historia de Nirvana en paz.
Como escribió Kurt en el cuadernillo de Incesticide, si tanto les molesta, déjenos en paz y no vengan al show.

