Zayn Malik vs Estadio GNP
ZAYN MALIK Y SU ESCUADRÓN DE FANS DE 50 MIL ENFRENTARON AL ESTADIO GNP SEGUROS
De: Litzi Trejo

¡Te amo México City!, Zayn tantas veces diciéndolo durante el concierto.
Zayn Malik se enfrentó a su segundo Estadio GNP Seguros, pero ahora más grande: él solo ante un Zquad que ansiaba verlo.
La última vez que pisó el Estadio GNP Seguros fue en 2013, cuando formaba parte de One Direction. Tanto fue el impacto, pues fue el primer estadio de la banda y ahora también lo fue de Zayn Malik como solista, con el The Konnakol Tour.
Ante un grupo de más de 40 mil personas, muchos fans, temerosos de que cancelara, aun así asistieron. Otros tantos no quisieron arriesgarse y decidieron vivir la experiencia a través del material compartido en redes sociales.

Desde temprano comenzaron a llegar los integrantes del Zquad (fans), incluso cuando el concierto ya había comenzado. El británico es de los pocos artistas puntuales que no hacen la espera aún más grande. La cita era a las 9 p. m. y solo le tomó siete minutos más comenzar el show.
Más de uno fue preparado con su outfit de leopardo, haciendo alusión a su álbum Konnakol, cuya portada muestra la mitad del rostro de Zayn junto a un leopardo de las nieves, formando una misma imagen. Trabajo logrado por Nabil Elderkin.
Con los nervios de punta, algunos fans tenían la esperanza de que, en él, su escuadrón fuera confirmado por 65 mil personas. Algunas mencionaron, a forma de broma, que quizá las demás personas —haciendo alusión a las fans que no pagaron el boleto—
tenían miedo de que Zayn comiera algo para lo que su estómago no estuviera preparado.

Ya consumado el concierto, celebraron que Zayn interpretará 20 canciones. Entre ellas, Gates Of Hell, donde el público realizó un fan project subiendo y bajando las linternas de sus celulares, y Die For Me, que se iluminó de verde y blanco gracias a una dinámica organizada por los grupos de fans de México y Monterrey, quienes repartieron papelitos de colores para iluminar el estadio. Antes de interpretarla, Malik dijo «¡Bye!» acompañado de una risa burlona. Quizá rogar para que regresara sirvió, aunque por unos momentos dejó a los fans preguntándose qué hacer.
Algunos otros temas fueron parte del interlude. Hubiera sido una buena jugada que cantará alguna de esas canciones, como Vibez, de su álbum Nobody Is Listening, o Trampoline, que interpreta junto al trío de indie SHAED.
En algunas canciones, ninguna luz, más que la del centro, de manera tenue, alumbraba la voz de Zayn. Cerrar los ojos era parte de una experiencia de escucha distinta a las demás. Las fans hacían un pacto en silencio de no cantar y dejar brillar la voz del artista.

Algunos puntos de vista giraron en torno a las pantallas. Al principio parecía que algunas estaban apagadas como parte de la experiencia visual, pero, con el paso del tiempo, parecía tratarse de un error técnico.
PILLOWTALK, el primer sencillo de él después de su salida de One Direction, fue la canción en la que más fuerza tomó la voz del público. Y no es para menos. Esa canción significa muchas cosas: primeros lugares de popularidad y un pasado romántico donde dos nombres más salen a la luz.
Los freebies, que se popularizaron entre los fandoms del K-pop, los hizo suyos el Zquad. Entre stickers de Zayn con la jersey de la Selección Mexicana, huevos de dulce haciendo alusión a Malik, su vida como granjero y la anécdota de la gallina, pulseras y galletas de limón, lograron unir más a este fandom, que no pedía nada a cambio más allá del intercambio y de la conexión por la música. ¿Qué pensará Khai, su pequeña hija fan del K-pop? ¿Le gustaría intercambiar algún freebie con la cara de su padre?
Ver esta publicación en Instagram
Los fans de Rush —cuyo concierto estaba en la sede hermana, en el Palacio de los Deportes— miraban a los fans que se darían cita en el GNP. Preguntaban: «¿Quién es Zein?», «¿Quién es Zayan?», tratando de averiguar su nombre, cómo pronunciarlo y su voz.
La merch era donde ambos fandoms convivían. Puestos intercalados entre Rush y Zayn. Dos generaciones viéndose a los ojos, preguntándose cómo suenan sus respectivos ídolos, pero también siendo iguales ante la música, aunque, tal vez, algo indiferentes al sonido del otro.
En el Metro, dos mundos de negro: entre los rockeros setenteros con chamarras de cuero y las fans; unas que desde 2010 están, otras que llegaron en una sola dirección desde que eran cinco o cuando el tenedor lírico atrapó su corazón.

Comments are closed.